Las empresas nunca han generado tantos datos, pero pocas saben con claridad dónde se encuentran sus datos más críticos, quién accede a ellos y cómo se producen esos accesos.
Hoy en día, el mayor riesgo no reside únicamente en los ataques externos. Reside en la falta de visibilidad y control dentro de los propios entornos de datos.